El arte de ARCOMadrid

Tal y como os contamos la semana pasada, como cada año por estas fechas, ARCOmadrid abre sus puertas para recibir a coleccionistas y especialistas del arte contemporáneo. Pero aunque su fin sea dar la bienvenida a estos profesionales, creednos si os decimos que allí navegan como peces Nemo centenares de personas que perdidos entre stand y stand, mucho y poco saben de este mundillo. ¿Y por qué? Porque lejos de ser una feria elitista, en la actualidad ARCO es para todos, grandes, pequeños, sabios y no tan sabios, comprador o simple caminante, al menos… ¡si te puedes permitir la entrada!

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Visitante observa la obra de Emilio Gañan en el stand de la galería El Museo. Foto: Angélica Méndez

Al ritmo de comentarios como “esto lo sé hacer yo”, “me he enamorado de esta pieza”, “tengo sed, igual peligra el vaso de agua del tal Wilfredo”, “a mi estas obras de reflexión profunda me saturan” o “algo así quisiera yo para mi salón”, pasear por la 34ª edición de ARCOmadrid se convierte en todo un espectáculo.

Está el niño que todo lo toca y que siente una curiosidad suprema de saber qué es cada cosa, es más, ¡los hay que hasta le explican las obras a sus papás! Están los exaltados que algo han oído hablar de éste y otro artista y van por ahí prodigando dádivas. Los cachondos que a todo le sacan un parecido y se ríen hasta de lo absoluto, pero ¡ojo! Les gusta el rollo, les va el sado y van todos los años. Los nuevos, esos que entran perdidos y que no se encuentran a sí mismos pasadas las 2 horas. Los hay muy serios, señores y señoras concentrados en encontrar el tesoro de Barba Negra, son los coleccionistas, aquellos a los que el galerista siempre está dispuesto a atender, los de la panoja ¡se les nota! Esos no hacen ruido, ni aspavientos, ni siquiera comentan sus pareceres, ellos saben dónde está la clave de admirar y si te les acercas un poco, quizás hasta aprendas algo.

Y entre todo ese tumulto están las obras, y los artistas, y los galeristas, pacientes esperan verte llegar, parecen algo cansados, ya llevan 5 días o más en esto, pero es una coyuntura, una ventana al arte contemporáneo, a su arte. Cuenta el artista colombiano Ícaro Zorba, mientras enrolla la cinta de su “instalación atendida”, que esto es una gran oportunidad ya que “muchos de esos artistas no habían podido presentar sus obras en el extranjero, hasta ahora”. Y es que Zorba es colombiano, y ha sido uno de los elegidos para participar en ARCOcolombia, más de 100 artistas de este país han podido acceder a una nueva mirilla desde Europa.

Además de galerías venidas de España, el resto de Europa y de Colombia, también hay espacio para otros países latinoamericanos como República Dominicana, Chile, Brasil,  Argentina, Perú y otros muchos, porque el arte empieza a no tener fronteras.

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El artista colombiano Ícaro Zorba junto a su obra. Foto: Angélica Méndez

Obras las hay de todo tipo, para gustos los colores, las hay raras, como los hombres y mujeres tatuados y armados de Enrique Marty, pero “¿qué es lo raro o lo extraño?”, se preguntan dos mujeres mientras un grupo a su lado, discute sobre el fallo de la organización por no poner una buena cafetería de Colombia, “siendo éste el país invitado”. Algunas a nadie dejan indiferente, como es el caso de la instalación de Egill Saebjornsson, con tan sólo 25 años este joven islandés presenta a través de la Galería Anhavas su obra, una proyección, un cubo, un balde y una papelera de plástico, una escoba y una mopa encima de un pedestal, ya está, no tiene más, es lo que es, la realidad. Otras atraen al personal como moscas, son bragas, bragas rojas que forman un espectacular mandala, ¿de quién son? de artistas, galeristas y amigas de la sevillana Pilar Albarracín, autora de la obra.

También hay espacio para los los clásicos, los primeros contemporáneos, tal vez nadie se de cuenta pero entre pasillo y pasillo puedes encontrarte un Miró, un Picasso, a Basquiat, al mismísimo Botero o una pieza de Chillida, serigrafías de Andy Warhol, entre otros muchos. ¿Los precios? ¡Eso ya es otro cantar!  2.5 millones de euros por Quij de Basquiat, 1.7 millones de euros por Locmariaguer de Chillida, 1.4 millones de euros por Nature morte de Picasso… Y así podríamos seguir sin que hubiesen mañanas y ceros a la derecha suficientes.

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Obra sin título de Joan Miró. Foto: Angélica Méndez

Sin duda el arte de ARCOmadrid es ARCOmadrid en si mismo, con sus galeristas, los artistas y sus obras, aquellas que han dejado boquiabierto a más de uno a lo largo de todo el recorrido y por las que probablemente volverán el próximo año. ¡Nosotros volveremos!

 

Fotos: Angélica Méndez

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